La segunda parte de “Kun Fu Panda” es un ejemplo de por dónde va la industria hollywoodiense: por la apuesta segura.
Al igual que ocurre con las películas de ficción, la animación explota sus criaturas hasta la última gota, y el bueno de Po, el oso panda, no podía escaparse a la tendencia.
Tras el éxito de la primera parte en 2008, estaba cantado que habría una segunda, que es la que este año se ha ganado una nominación al Óscar, no injusta pero sí exagerada.

En la ocasión anterior, “Kun Fu Panda” perdió ante “Wall-E” y en esta ocasión no parece que vayan a cambiar las tornas.
La segunda parte de las aventuras de Po es un filme entretenido, bien hecho e incluso divertido por momentos, pero que no ha aportado nada nuevo a una historia que había quedado bastante agotada con la primera entrega.
Dada la enorme calidad que presenta el cine de animación en los últimos años, la saga de “King Fu Panda” se ha quedado un poco alejada de ese movimiento reformista/modernista del género y bebe más del estilo tradicional, basado en las princesas y animales de Disney.